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26 oct 2010

Un cuadro: "Los embajadores", de Hans Holbein

Autor: Hans Holbein el joven
Fecha: 1533
Museo: National Gallery (Londres)
Dimensiones: 209 cm x 207 cm
Material: óleo sobre tabla de roble


El cuadro (el títlulo original es Jean de Dinteville y Georges de Selve) que os comento hoy es un juego de acertijo en sí mismo, donde cada detalle existe con un fin muy concreto. Lo divertido es ir sacandole la información por uno mismo.

El tema principal es el retrato de los dos embajadores de Francia en la corte de Enrique VIII. Uno de ellos es el embajador, digamos, político, mientras el otro es el embajador religioso.

Si conocemos un poquito la época en que fue pintado el cuadro, gra
cias a la serie Los Tudor, se puede tener cierta idea. En estos momentos Enrique VIII rompe con la iglesia católica y crea la anglicana. Es por eso que en el centro del cuadro se han colocado dos repisas. La de la parte de abajo con instrumentos musicales y partituras, mientras que en la superior instrumentos para el estudio de los cielos (astrolabios...). Es decir, se está mostrando el mundo terrestre y el celeste de manera simbólica.
Si tuvieramos el cuadro frente a nosotros podríamos distinguir que, por ejemplo, una de las cuerdas del laud de la parte inferior se ha roto, incluso, aparece un laud caído en el suelo boca abajo, como queriendo expresar que en el mundo terrenal existen imperfecciones disonantes. Esto no ocurre en el mundo de los cielos, donde todo es perfecto y mesurable. La partitura que se encuentra en la repisa de los instrumentos musicales se ha podido reconocer y es una pieza compuesta por el propio Lutero, otro disidente de la iglesia católica.

Por lo tanto, uno pasa por la sala de la National Gallery y quizá mire unos 18
segundos el cuadro y no caiga en la cuenta de la cantidad de detalles que esconde la tabla. Pero hay más, muchos mas.

En la esquina superior izquierda aparece medio tapado por el c
ortinaje un crucifijo, como recordatorio de la verdadera fuente de la fe, cualquiera que sea la confesión que se profese. Otro detalle escondido.

Incluso el pavimento se ha querido identificar con el pavimento que existe en la abadía de Westminster. Pero lo más curioso de la tabla, sin duda, sea una mancha blanca aparentemente sin forma, en la parte inferior de la obra. Cuando se contempla el cuadro y se abandona para pasar al siguiente, caminando de izquierda a derecha, si nos damos la vuelta y vemos el cuadro en una diagonal forzada, esa mancha se convierte en una calavera, símbolo de la muerte.

Con lo que el pintor quería enfatizar la idea de que todo esta gobernado por la necesidad de la muerte, y que es la misma e igualitaria para todos y cada uno de los hombres. A este modo de pintar se le conoce como anamorfis, y es un truco muy flamenco, a pesar de estar en pleno Renacimiento en Inglaterra.

Espero que sigais buscando secretos de este doble retrato
, que es una (de tantas) obra maestra de la historia de la pintura. Para que luego hablen de Barceló...

18 oct 2010

Un cuadro: "Un bar en el Folies-Bergère", de Eduard Manet

Autor: Eduard Manet
Fecha: 1881-1882
Museo: Courtauld Gallery (Londres)
Dimensiones: 95'2 x 129'5 cm
Material: óleo sobre lienzo


Os traigo a colación una obra de arte. De esas que, cuando son contempladas, hacen que el Arte sea lo que es (que es lo que quiera que sea). Más allá de cualquier esnobismo al uso, Un bar en el Folies-Bergère, de Manet, representa todo lo que cualquier amante del Arte busca en una obra: la representatividad.

No es ninguna barbaridad comparar esta obra del XIX con, se me ocurre, "El matrimonio Arnolfini", donde cada elemento representa un mensaje concreto documental.

El cuadro representa a una joven camarera en un famoso bar donde se daban cita la creme de la creme parisina de finales de siglo. Y entonces, como ahora ocurre en algunos lugares, las camareras ejercían muchas de ellas la prostitución. El punto de vista es el de la mirada, del señor que aparece reflejado en el espejo, quien seguramente le ha hecho a la triste camarera la proposición. Una proposición que, de seguro, tendrá que aceptar porque lo necesita, aunque ello le suscite infelicidad, pero así es la vida. Quien algo quiere, algo le cuesta...

El espejo, es el elemento que representa y nos ubica en el Folies Bergere: vemos la sala donde se perfilan los asistentes a estas reuniones de glamour y lujo desenfrenado. En el mismo espejo (esquina superior izquierda) intuimos los pies de un acróbata suspendido del techo, con lo cual nos podemos hacer una idea del tipo de fiestas que se hacían.

Todo ello con un primer plano donde se representa un bodegón de licores muy suculentos. Con flores naturales frescas y un frutero con mandarinas.

Un cuadro representativo nos da información global de toda la situación, tanto formal, como de lugar como psicológica de los protagonistas. No es valde es considerada la mejor obra de su autor, que además fue la última, y tardó 2 años en concluir.

Espero poderlo ver en directo algún día, y comprobar el efecto que resulta de todo esto sumado a sus proporciones. Espero que os haya gustado.